Por César Pérez Monzón
La vida del piloto de motovelocidad Alejandro Mazariegos está marcada por el
domingo 2 de abril del 2006. Lo recuerda como si fuera ayer, ya que durante una
jornada del campeonato CCS en la pista de Jennings en Florida, Estados Unidos,
su moto se quedó sin gasolina y, al tratar de salir del trazado, un piloto lo
embistió. Perdió parte de la pierna izquierda, un accidente que lejos de
desmotivarlo fue como un motor turbo que lo impulsó hacia nuevos retos.
Tres años después del accidente, Alejandro cuenta su historia sin complejos.
Habla con tranquilidad y, sobre todo, transmite la felicidad que solamente le da
volver a subirse en una moto y acelerar en la pista del autódromo Pedro Cofiño.
Por su experiencia y trayectoria, Mazariegos es una de las principales
figuras nacionales, que lucharán por el triunfo en el Campeonato Latinoamericano
de 1000 cc Súper Bike, que se llevará a cabo este fin de semana.
Todo empezó mal El 2 de abril del 2006 el sol no alumbró como Alejandro
esperaba. Ese día, cambiaba la hora en el área de Florida, debido a la
temporada. Tenía claro el horario de la carrera, pero no se tomó en cuenta el
cambio, entonces, cuando el piloto se dirigía a la pista recibió una llamada.
“Fue allí cuando nos dimos cuenta que iba tarde, entonces llegué apurado.
Sabía que tenía que dar 10 vueltas de calentamiento. Revisé el nivel de
gasolina, y sabía que me alcanzaría, pero no me di cuenta que las vueltas las di
muy rápido, y cuando iba en la circunvalación 14, la moto empezó a fallar”,
recuerda.
El corredor supo la causa inmediatamente; se había quedado sin combustible,
entonces tomó la decisión de salir del trazado.
“Iba por una parte donde se dieron muchas caídas; entonces, si me salía hacia
la derecha, alguien se podía caer y me arrastraría con él, por eso, me moví
hacia la izquierda, observé si venía alguien, y no vi a nadie, pero no me di
cuenta que un piloto transitaba a 110 millas por hora y me pegó”, explica
Alejandro.
El fuerte choque fue inevitable. La moto y su cuerpo volaron en direcciones
distintas.
“Cuando intenté pararme me fui de lado, fue allí cuando me di cuenta que mi
pierna izquierda estaba mal ”, agrega.
El sonido de las sirenas de las ambulancias invadió el ambiente; momentos
después, un helicóptero llegó en su auxilio. Las inyecciones de morfina y los
cinco o seis paramédicos que lo atendieron evitaron que Mazariegos colapsara.
Fue trasladado a un hospital de la localidad, y de ahí en adelante empezó una
serie operaciones que concluyó con la pérdida de parte de la pierna, ya que fue
cortada abajo de la rodilla.
“Primero me cortaron los dedos, luego el pie, y de último el médico me dijo
que había dos opciones: o me cortaban a la altura del tobillo o abajo de la
rodilla, la diferencia era que con ésta última sería más rápida la recuperación,
usando una prótesis. Luego de consultarlo con mi esposa, quien siempre estuvo a
mi lado, tomé esta última opción, y aquí estoy, corriendo de nuevo”, comentó.
El regreso Pasó el tiempo, y una prótesis de fibra de carbono y titanio es su
fiel compañera en su vida diaria, y cuenta con otra para la competencia.
“No fue difícil tomar la decisión de volver a correr, porque la motovelocidad
es parte de mi vida. Lo consulté con mi esposa, y me compré la moto (Yamaha R1,
modelo 2007), y fui al autódromo a intentar correr”, reconoce.
“Mauricio Roque, quien también estuvo muy cerca de mí durante el accidente y
la recuperación, me preguntó si correría, y aunque me sentí algo incómodo,
porque no tenía la prótesis idónea, lo pude hacer. Fue así, que volví a la
pista, aunque solamente lo sabía mi esposa”, recuerda.
A partir de ese momento, Alejandro volvió al mundo de la motovelocidad, y hoy
está a punto de competir a nivel internacional, pero tiene un pacto con su
esposa de no competir en pistas fuera de Guatemala.